domingo, 14 de julio de 2013

Capítulo 3. Algo de diversión.

-Vamos a jugar a la play un rato Kat, hace tiempo que no lo hacemos.
-Sí, genial. -Parece que me animo un poco.
Nos ponemos a jugar a la play, mientras comemos palomitas y nos reímos. Sobre las ocho, estamos ya cansadas de jugar y lo dejamos.
-¡Ey! -Me pregunta Jane- ¿Cuándo empezaron las fiestas de la playa el año pasado?
-Creo que el...catorce.
-¡Empiezan hoy, Kat tenemos que ir, por favor!
-Jane, sabes lo nerviosa que me pongo y...
-Lo sé, lo sé. Pero voy a estar a tu lado, como el año pasado. Vamos, te viene bien conocer gente, hablar un poco con ellos y disfrutar. Además...puede que esté Jack. Por favor.
-Está bien, está bien. Acompáñame a casa, necesito coger ropa para salir.
Salimos a fuera y vamos a coger el tranvía, para llegar más rápido a casa. El tranvía está lleno de gente, y al entrar casi me tropiezo con un chico que iba a salir, de no haber sido por que él me agarró, hubiera perdido el equilibrio.
Le dirigí una mirada de disculpa a la que él respondió con un gesto de negación y una sonrisa. Después, se marchó.
-Guau, Kat, ¿apenas has salido de casa y ya estás ligando? -Me dijo Jane con una sonrisa.
-Me tropecé, qué vergüenza.
-Era guapísimo, ¿verdad?
-Sí. -Le dije mientras me sonrojaba.
Nos echamos a reír las dos.
Diez minutos más tarde, nos bajamos del tranvía en la parada más cercana a mi casa, y nos dirigimos hacia allí para ir a buscar mi ropa.
-Hola mamá, hola papá. He venido a buscar ropa para salir, como me dijisteis que podía...
-Hola hija, por supuesto, sal y diviértete. ¡Hola Jane, cuánto tiempo! -Le dijo mamá.
Después de saludarle, subimos a la habitación. Me duché y me cambié. No sabía qué vestido ponerme, y después de un rato me decanté por uno sencillo. Era de un verde pistacho, que resaltaba con mi pelo largo rubio. El vestido se ceñía al cuerpo, era de asillas y terminaba justo por encima de las rodillas. De zapatos elegí unos de tacón de cuña negros, veraniegos y sencillos también para poder pasear por la playa. Cogí una pulsera y unos pendientes, y el maquillaje necesario.  Lo metí todo en una bolsa y me lo llevé a la casa de Jane.
Una vez allí, ella se duchó mientras yo me vestía. Decidí ponerme una fina capa de colorete, para darme algo de color a la cara,  una suave capa de sombra de ojos dorada y un pintalabios rosa no muy chillón. Me peiné el pelo, sin necesidad de pasarme la plancha porque es demasiado liso. Cuando Jane salió, se quedó sorprendida.
-Guau Kat, estás preciosa.
Le sonreí y tuve una buena sensación, de que esta noche lo iba a pasar realmente bien.

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