lunes, 22 de julio de 2013

Capítulo 10. Las cosas mejoran.

22 de julio, 8:26 am.
Han pasado dos semanas ya en el hospital. Mae, la psicóloga ha estado tratando conmigo todos estos días. Al principio no quería ver a nadie, pero luego me fui calmando y acepté hablar con ella. Me he ido recuperando del golpe en la cabeza. Los médicos me han llevado un control de peso y aunque no había bajado sino dos kilos, los he vuelto a subir ya. Al parecer tenía inicios de bulimia. Y yo lo sabía. Pero no quería darle importancia, y además el caso por el que había estado allí esas semanas no era por ese motivo. Solo que los médicos consideraron necesario intervenir antes de que fuera tarde. Y me había costado comer a las horas que deben de ser, me había costado no comer demasiado para luego eliminarlo del cuerpo rápidamente, pero lo había hecho.
En cuanto a Jane, la han encontrado. Al parecer se había ido a casa de su abuela, que vive en otro lugar cerca de aquí. Jane le había dicho a la abuela que los padres lo sabían, por eso no había llamado. Jane ha venido un par de veces a visitarme, se disculpó conmigo al igual que yo con ella y nos olvidamos del tema de Jack, entre comillas.
Jack también vino una vez a visitarme, me dijo que sentía haber causado todo aquello y no mencionó más lo que pasó el verano pasado, ni este. Así que supongo que somos amigos, no más.
Mis padres estaban preocupados por mí, pero esta mañana se han quedado más tranquilos cuando me dijeron que este mismo día me darían el alta.
Decidí darme una ducha, vestirme y preparar las cosas para irme a casa. Almorcé y me acosté un rato. A las cinco y media me vinieron a avisar de que ya podía salir.
Mi madre se acercó y me dio un abrazo, seguido de mi padre.
Subimos al coche y yo lo primero que hice fue mandarle un mensaje a Jane diciéndole que estaba de vuelta a casa. Me contestó rápidamente y me dijo que estaría en casa a las seis.
Por el camino, mis ojos estaban clavados en la ventana, o mejor dicho, en lo que se veía a través de la ventana. Era una tarde cálida, con algo de viento pero calurosa. Me encantaba vivir en esa zona porque mi casa quedaba cerca de la playa, era una urbanización, con las casas blancas y grandes, separadas por jardines que correspondía uno a cada una de ellas, era tranquilo, no había mucha contaminación y quedaba a pocos minutos de la ciudad. Había una avenida junto a la playa, donde habían puestos de helados, restaurantes y demás. Entonces me paré a pensar: ¿por qué he desperdiciado tanto mi tiempo?

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